Como mamá de un niño con autismo he atravesado un sinfín de situaciones en las que no solo hubiese querido, sino que realmente necesité una red de apoyo. Por distintos motivos, en ese momento no la tenía.
Tuve que convertirme en todo a la vez: mamá, cocinera, niñera, chofer, animadora, secretaria, terapeuta improvisada… y más. Si me preguntás cómo hice para sostener todo eso, la verdad es que no lo sé. Solo sé que, en medio del cansancio y la incertidumbre, me obligué a mirar hacia adelante, a enfocarme en lo que los profesionales me explicaban, y a trasladar todo ese conocimiento a nuestra rutina en casa. Porque claro, esto no se detiene nunca. El autismo no da tregua.
Hoy quiero hablarte a vos:
Abuelo, abuela, tío, tía, madrina, padrino, primo, prima, amigo o amiga de esa familia que está criando a un niño con autismo.
Si alguna vez podés, desde el corazón, ofrecer algo tan simple como un:
“Hoy lo levanto yo”,
“Hoy lo acompaño yo”,
“¿Querés que lo lleve yo a terapia?”,
no te imaginás lo que eso significa.
Nadie espera que te hagas cargo. Nadie te pide estar todos los días. Pero esas pequeñas acciones, que para vos quizás son mínimas, para esa familia son un respiro enorme.
Porque detrás de cada niño con autismo hay una mamá, un papá o una familia entera haciendo malabares para llegar a todo, para cumplir, para sostener. Y a veces, solo saber que no están solos, cambia el día. A veces, cambia mucho más que eso.
💙 Porque cuando una familia se siente acompañada, puede respirar un poco más hondo, y seguir con más fuerza.




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