Hay días en los que no sabemos de dónde sacamos fuerzas.
Días en los que la culpa pesa, en los que el cansancio se siente en el cuerpo y el alma, y en los que la soledad parece la única compañía.
Pero aun así, nos levantamos.
Porque somos madres. Y porque hay un pequeño ser que nos necesita, que confía en nosotras más que en el mundo entero.
Cuando llega un diagnóstico —esa palabra que a veces paraliza, otras confunde, y muchas veces asusta— el mundo se detiene. De repente, el futuro que imaginábamos cambia de forma.
Aparecen las preguntas, los miedos, el “¿por dónde empiezo?”.
No hay un manual. Nadie te prepara para este camino.
Y muchas veces, tampoco hay una red de apoyo que te sostenga.
En ese instante, nace una nueva versión de nosotras mismas.
Nos transformamos sin darnos cuenta:
en terapeutas, maestras, investigadoras, psicólogas, acompañantes, intérpretes, y, sobre todo, en aprendices.
Aprendices de nuestros propios hijos.
Ellos nos enseñan a mirar el mundo desde otro lugar, a celebrar lo que otros no notan, a valorar una mirada, una palabra, un gesto.
El trabajo más importante no siempre sucede en una consulta, ni en una escuela.
Sucede en casa.
En la rutina diaria, en cada pictograma colocado con paciencia, en cada palabra repetida, en cada intento fallido que vuelve a empezar.
Ahí es donde los pequeños logros se transforman en victorias gigantes.
Ahí es donde el amor se vuelve terapia.
Y sí, muchas veces nos sentimos solas.
Nos pesa la ausencia de quienes no entienden, la falta de tiempo para nosotras mismas, la carga emocional de ser “todo” para todos.
Pero también sabemos que no estamos solas.
Somos muchas.
Madres que dejan todo, que se reinventan, que luchan sin aplausos y sin descanso.
A vos, mamá que recién estás recibiendo un diagnóstico y sentís que el suelo se mueve:
Respirá.
No tenés que saberlo todo hoy.
Este camino se construye paso a paso, con amor, con errores, con aprendizaje y, sobre todo, con paciencia.
Buscá información, pedí ayuda, conectá con otras mamás que ya caminan por este sendero.
Y recordá algo esencial: tu hijo no cambió, sigue siendo el mismo ser maravilloso que siempre fue.
Solo que ahora vas a aprender a acompañarlo desde otro lugar.
Desde Blue-Mom queremos abrazarte.
Queremos recordarte que no estás sola, que cada avance, por pequeño que parezca, es un logro inmenso.
Que tu dedicación, tus noches sin dormir y tus lágrimas silenciosas no pasan desapercibidas.
Este es un camino de amor, de entrega, de fe.
Y aunque muchas veces parezca invisible, deja huellas profundas.
Porque sí, lo dejamos todo.
Y en ese “todo” también nos encontramos a nosotras mismas.
Más fuertes, más sabias, más humanas.
Más mamás que nunca.💙

















